jueves, 22 de noviembre de 2012

Confesiones de un pequeño idealista.


El otro día me dijeron que era un idealista. El que lo hacía consideraba que me proponía ideales utópicos, es decir, irrealizables, porque le dije que pretendía cambiar el mundo. La verdad es que no ha variado un ápice mi decisión de hacerlo, y lo quiero hacer por todos los medios posibles. Uno de ellos, y que vengo cultivando años, es la literatura. Y es que este escritor, leído por mil personas o por una sola, igual me da, pretende hacer recuperar a las personas la forma de ver la belleza del mundo, que no es poca. Pretendo hacerlo con las palabras, escribiendo cosas como la que os pongo aquí debajo, que espero que disfrutéis.
Cambiar el mundo es idealista, pero no utópico. Otros lo han hecho, y ahora es más necesario que nunca, así que, ¿a qué esperáis?


Dicen que las palabras se las lleva el viento. No estoy de acuerdo.
            ¿Qué son las palabras? Son entes independientes, vivientes, capaces de provocar reacciones en las personas que las escuchan, siempre que las escuchen, y no simplemente las oigan.
            Las palabras pueden cambiar el mundo. Sí, pueden, porque han nacido para eso. Debo, es mi deber de poeta, cantar, susurrar, gritar al oído del mundo las palabras que le hagan cambiar, que hagan a las personas dejar de afanarse en cosas vanas, y beber de la poesía, que es la vida, y de su propia vida, que es un poema que ellos mismos escriben con sus acciones.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Extraordinario!
No te rindas.
Wilson

Luis María Sancho dijo...

¿Rendirme yo?
No, gracias.

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