Amor, muerte, arrepentimiento. Y también amistad, nobleza, el valor de los recuerdos, de la familia... Mi gran conclusión es que Harry Potter no es un libro para niños. Es una novela de detectives, de aventuras, de fantasía, de acción, de suspense y -también-, una novela de pensar.
domingo, 30 de julio de 2017
Pensamientos sobre Harry Potter
Amor, muerte, arrepentimiento. Y también amistad, nobleza, el valor de los recuerdos, de la familia... Mi gran conclusión es que Harry Potter no es un libro para niños. Es una novela de detectives, de aventuras, de fantasía, de acción, de suspense y -también-, una novela de pensar.
viernes, 5 de mayo de 2017
Selección de versos.
Elegía de un madrigal.
Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterioso azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!
*
Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
Y un día -como tantos-, al aspirar un día
aromas de una rosa que en el rosal se abría,
brotó como una llama la luz de los cabellos
que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
brotó, porque un aroma igual tuvieron ellos...
Y se alejó en silencio para llorar a solas.
¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterioso azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!
*
Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
Y un día -como tantos-, al aspirar un día
aromas de una rosa que en el rosal se abría,
brotó como una llama la luz de los cabellos
que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
brotó, porque un aroma igual tuvieron ellos...
Y se alejó en silencio para llorar a solas.
domingo, 16 de abril de 2017
Miradas y sombras.
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| Gustave Courbet: La Dama de Frankfurt |
Por elegir sólo cinco obras, pongo las siguientes.
El Ecce Homo de Bernardino Luini fue la primera obra que me golpeó (supongo que el hecho de ser Sábado Santo tuvo su influencia). Cristo pierde en el infinito la mirada. Tristeza, nostalgia, mansedumbre, dolor... Todo entre dos párpados.
La Magdalena penitente de Murillo también tiene una mirada particular. El resto del cuadro es accesorio: el rostro es lo esencial. Contemplándolo unos minutos se capta lo que el autor ha querido plasmar: la situación interior del miserable que ha encontrado a Alguien que le perdona, le devuelve la dignidad, y le redime para siempre.
Otra mirada que me rompió el saque fue la de Nanna, la modelo italiana favorita de Anselm Feuerbach. Una mirada más seria que triste, más en sombras que clara. La mirada de alguien que ha sufrido y se ha endurecido por dentro, formando un carácter fuerte y decidido, una mirada que se esconde orgullosa, mirando hacia otro lado.
El Prometeo encadenado de Jordaens me pareció una maravilla de lo barroco: lleva hasta el extremo la ruptura de las dos dimensiones medievales. Eso, y la expresividad de la cara de Prometeo, para ver la cual hay que ponerse cabeza abajo, forman una obra maestra.
Otro cuadro que me maravilló fue "El fabricante de plumas" de Lievens. El juego con las sombras y el sol, que entra por la izquierda y por delante, recuerda a Caravaggio, aunque quizá las figuras no estén tan definidas como las del italiano.
Os dejo con las obras, para que las disfrutéis, aunque, como siempre, en vivo mucho mejor.
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| Bernardino Luini: Ecce homo |
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| Murillo: Magdalena penitente |
| Anselm Feuerbach: Nanna |
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| Jacob Jordaens: Prometeo encadenado |
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| Jan Lievens: Der Federschneider |
jueves, 13 de abril de 2017
Libros.

El curso empezó como había terminado el anterior, y el verano, con la primera parte de "El Señor de los Anillos" en las manos. Un clásico. Siempre es recomendable volver a leer el libro, aunque sea para darse cuenta de la infinidad de detalles y sucesos que no recoge la película.
Y aquello continuó, con un viejo conocido de la infancia-adolescencia, "Corazón de tinta", de la alemana Cornelia Funke, aunque esta vez en inglés. La historia despide por los poros amor por la literatura, los libros, y un fino sentido del humor, con personajes que resultan muy cercanos, y una trama enganchante. Uno de los libros que más a gusto he re-leído últimamente.
En algún momento del curso, di el salto del inglés al alemán, y empecé a leer en la lengua de Goethe. El primer intento, "Erzähler der Nacht" (El contador de historias de la noche), de Rafik Schami, acabó en fracaso, no tanto por falta de voluntad como porque apareció otro competidor más interesante, llamado "Die Weiße Rose" (La Rosa Blanca), de Inge Scholl, la hermana de Hans y Sophie Scholl, los dos conocidos estudiantes que, junto a otros, formaron un grupo de resistencia intelectual y propagandista al régimen nazi. La historia de Hans es especialmente apasionante, aunque el libro en general está más pensado en clave histórica que novelística.
El siguiente libro en caer en mis manos fue "El despertar de la Señorita Prim", de Natalia Sanmartín. Había oído hablar maravillas del libro, por parte de mucha gente. Sinceramente, después de leerlo, puedo decir que, siendo recomendable, no es un libro de esos que dejan huella. Cargado de diálogos interesantes pero no brillantes, el resultado de los mismos y de los acontecimientos es bastante predecible, y el ritmo quizás demasiado lento.Después de terminar el anterior libro, durante un breve viaje de vuelta a mi tierra, leí en poco tiempo "Correr para vivir", del corredor olímpico Lopez Lomong. Es una historia apasionante, contada con una sencillez asombrosa y a veces demasiado inocente. Es el testimonio de la vida azarosa de una persona que ha sufrido mucho, pero que ha recibido la oportunidad de salir de la miseria, y que por eso se siente eternamente agradecido.
Por último, y aún caliente en mis ojos (lo he terminado hace unas horas), está el tan comentado libro de Alessandro D´Avenia, "Blanca como la nieve, roja como la sangre". El escritor italiano se mete en la cabeza y el corazón de un chaval de dieciséis años, el típico adolescente que no sabe ni cómo se llama, pero que trata de descubrir su sueño, y de conquistar a la chica de esos mismos sueños (esta palabra, "sueño", es, junto con "rojo" y "blanco", la palabra del libro). La historia engancha desde el principio por su lenguaje -desenfadado, juvenil, y soñador-, por los temas tratados -el amor, la felicidad, la libertad, Dios- y por un envoltorio literario, cargado de citas de Dante, Homero y otros escritores griegos. El libro es un éxito comercial, y tanto él como su autor están en boca de todos. A mí me ha gustado mucho, sobre todo por muchas de las ideas que desprende, por el ambiente mental en el que se mueve (el de un chaval que sobre todo sueña y a quien el mundo se le queda pequeño para sus sueños), y porque no es una historia en la que todo sale bien. Sin embargo, pienso que D´Avenia comete dos errores en la historia, que hacen que no me termine de convencer: primero, entre todos los temas fundamentales que trata, se deja uno clave: la amistad. Ninguna historia de amistad verdadera -más allá del colegueo- aparece en el libro. Y ese es uno de los grandes problemas de hoy, la incapacidad de hacer amigos, y la obsesión con hacer sólo romances. D´Avenia cae también en ese error. La segunda pega que le
pongo es el final, que no revelo para quien tenga interés en leerlo y no lo haya hecho aún (cosa rara). Sólo diré que me resulta forzado, antinatural: yo no habría terminado así. Pero yo, naturalmente, no soy él.Hasta aquí la crónica de estas últimas lecturas. Reconozco que no tengo un don especial para hacer reseñas de libros, pero por algo se empieza. Los recomiendo todos. Ahora, a por el siguiente: Rilke.
martes, 11 de abril de 2017
En movimiento
Hace mucho que no cuento nada a nadie en este blog. Quizás no me lee ni su padre. Quizás nunca nadie lo ha hecho. Pero, en realidad, hay mucho que contar. Hay mucho que decirle al mundo. El objetivo de este blog sigue ahí delante, intacto: cambiar el mundo. O ayudar a cambiarlo. Lo más digno de contar que tengo ahora son mis viajes, mis movimientos por este mundo tan bello y a la vez tan atormentado. Tanto me he movido en los últimos meses, que he acabado por cansarme de moverme, cuando aún quedan unos cuantos meses para que acabe el baile. Desde agosto, he vivido en siete ciudades, tres países, y dos mundos. En Bilbao, Madrid, Valencia, Jerusalén, Colonia, Frankfurt y Mainz; en España, Israel y Alemania. En mi pequeño mundo valenciano, y en este sorprendente, distinto y hasta cierto punto cautivador mundo alemán. He estado en algún que otro autobús, en cinco aviones y en Dios sabe cuántos trenes, entre distintas ciudades de Alemania. Entre las joyas visitadas, creo que valen la pena especialmente Münster y Aquisgrán (Aachen), y, por supuesto, la catedral de Colonia. He recorrido arriba y abajo el Rin. Montado en un tren surcando sus riberas he vuelto a escribir poesía de esa de la que te enorgulleces. También he vuelto a tener tiempo para leer con más tranquilidad. Durante el curso han pasado por mis manos Tolkien, Funke, Ratzinger, Scholl, D´ Avenia y algunos más. Espero poder hablar de todo esto y mucho más esta misma semana: libros, ciudades, ríos y poesía, ¿quién da más?
jueves, 22 de septiembre de 2016
Lo humano.
Dos de la tarde. Aún no es
verano, pero a estas horas, por Valencia, siempre hace calor. Camino con tranquilidad:
llego a casa con tiempo. Por mi cabeza van al trote pensamientos que ya no
recuerdo: seguramente recuerdos del día u otras cosas. Pero no tengo los ojos
cerrados, y veo cómo, después de una semana, el cartel electrónico –de esos que
son varios anuncios que se van ocultando y cambiando por otros- sigue averiado.
Paso por delante del anuncio, pensando en que habrá que escribir una entrada en
el blog sobre esto. Pero la cuestión no acaba aquí. Al pasar el paso de zebra
me cruzo con una madre que camina con su niño. Sólo alcanzo a escuchar una
parte de la conversación, que podría ser así: “-Y, las estrellas… ¿por qué no se caen?”.
Y la madre, puesta en apuros: “Porque
están atadas a los planetas, cariño, y dan vueltas a ellos, como si fueran un
yo-yo”. "Aaalaa...". Siguiendo el camino, unas señoras mayores cotilleaban sobre lo de
siempre, sobre el vestido de Josefina, lo apañado que parecía el sobrino de
Juana y lo mucho que tardaba el autobús. Al llegar a casa, dejé la mochila, y
respiré aliviado: “hogar, dulce hogar”.
Y fue esa mañana cuando quedé
convencido de que lo humano vencerá cualquier desafío. Quedé convencido de que
hay cosas que no son mutables por las ideologías, ya sea el capitalismo
comercial, que haría lógico que un cartel averiado se cambie cuanto antes, o la
ideología de género, que hace a los niños o a las abuelas que esperan el
autobús preocuparse por lo que no les importa, y dejar de preguntarse por lo
realmente importante. Quedé persuadido de que lo humano es invencible, de que
lo humano prevalecerá, de que los niños siempre harán preguntas, las madres
siempre las responderán, las abuelas siempre hablarán alegremente sobre cosas
sin importancia, y el hogar siempre será el lugar al que se vuelve, porque está
lleno de historias, de preguntas siempre sin resolver y de amores sin
condiciones. Por todas partes amores sin condiciones.
domingo, 24 de abril de 2016
Homage to Cervantes.
"Woody Guthrie, te escribí una
canción". Así cantaba el primer Dylan a su ídolo del folk. Y algo parecido
quería yo escribirle a nuestro querido Miguel. Una canción sobre este mundo
nuestro, que, como también cantaba la leyenda del rock, "looks like it's dying, and it's hardly been born". Un mundo que necesita del espíritu del Quijote, que es el espíritu de
Cervantes. Y ese es un espíritu de épica, de locura, de humor y de sensatez. Es
un espíritu de aventura, de hacer cosas grandes y reírse de ellas, porque lo
que importa no es lo que se hace, sino lo que se busca. Miguel, quería
escribirte una canción que ensalzara tu vida. Una vida con batallas, con
prisiones, con peleas y con Dulcineas del Toboso. Una vida con caminos, libros
y diálogos sin fin. Una vida errante a veces pero idealista siempre. Una vida
con lo puesto, y a veces también sin ello.
La vida de las grandes personas es una vida apasionante, en el más puro sentido de la palabra, una vida que tiene dentro el afán por lo eterno, la búsqueda constante de lo infinito y que, por eso, apasiona a quien la contempla o a quien simplemente llega a vislumbrarla de lejos. Una vida que se disfruta hasta el último instante. Y la vida de Cervantes debió ser, como el Quijote, un clásico. La mayor peculiaridad de los clásicos es que nunca pasan de moda. Siglos después de ser escritos, esculpidos o filmados siguen haciendo a este curioso tipo de vida que somos los seres nacidos de vientre de mujer llorar, reír, sufrir y vibrar de la misma forma que hicieron llorar, reír, sufrir y vibrar a quienes los leyeron el día de su estreno. La vida de Cervantes fue un clásico, porque fue la vida de un apasionado, la vida de quien busca sin cansarse, la vida de quien quiere meterse el mar en la boca y de quien ve los ojos de Dios brillar en los ojos del ser amado, la vida de quien sabe que lo humano es tan gigante y extraño que no cabe en cientos de libros, por muy largos que sean. Es la vida de quien sabe que la vida del hombre sobre la tierra es una batalla, una broma, un juego, un viaje y una locura, y que para vivirla es necesario convertirse en un caballero andante que ve en todo un reto, una pasión, un amor y una misión épica. Así fue la vida de ese famoso desconocido que es don Miguel de Cervantes, del soldado, el caminante, el fugitivo, el funcionario resignado y el hombre de letras. La vida del mayor hombre de letras de la cultura española.
Feliz centenario, Miguel, nos vemos pronto entre tus páginas.
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