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martes, 31 de octubre de 2017

La vida está aquí.



En el salón, todos guardan silencio. Sólo la voz cascada del hombre, ya algo anciano, se oye, mientras docenas de estudiantes le escuchan sin parpadear. Ahora acaba de lanzar una frase, un punch, un gancho, sobre lo que importa a todo corazón humano: la vida. Todos estamos atentos a sus  labios y a su  mano derecha, que mueve hacia delante, desde sus ojos hacia los ojos de los que escuchan, mientras dice, con una voz que invita a la aventura: "la vida está aquí: en que yo te mire, y veas que te aprecio".

Y no deja de sorprenderme la razón que tiene. Porque es verdad. Es que una vida sin amor no es vida. Esta frase, propia de un Aristóteles, un Platón o un san Agustín, la acaba de decir un hombre sencillo y menudo. Pocos pueden expresar verdades tan fundamentales de la existencia, ideas filosóficas de tanto calado, sin haber estudiado una carrera, y sin utilizar un lenguaje elevado. Pero él puede. Él puede, porque se ha criado en la calle, y no le tiene miedo a nada. Porque ha hecho viajes a países lejanos sin nada en los bolsillos, ni siquiera edad para ser tomado en serio. Porque se ha enfrentado a la vida sin miedo, y ha salido adelante, porque había que salir adelante, y ha conocido a todo tipo de gente, y ha vivido mucho. Ha personificado aquella frase de Cervantes: "el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". "Si hubiera nacido en otra época", dice en un quiebro genial, "habría sido un revolucionario. Un revolucionario... ¡pero católico!" Y me lo imagino con una metralleta, de guerrillero en la selva, o en la guerra de los cristeros de México.

En este hombre, al que -como se puede observar- admiro profundamente, todo es uno. Corazón y cabeza, vida y palabras. Me recuerda, siempre que le escucho, que la sabiduría no tiene nada que ver con tener un título, o ganar una oposición. Me recuerda que hay muchas cosas alrededor de las cuales gira nuestra existencia, que no importan nada, que el dinero no es que sea secundario, es que no es nada. En él veo a un maestro. Alguien que ha mirado siempre las dificultades a los ojos, que se ha equivocado mucho, que ha sufrido mucho, y ha aprendido de todo eso, sacando una enseñanza para el mañana. Alguien al que se puede imitar, o al menos escuchar. Él es Pedro Cortés, y su curricúlum es estar una hora escuchándole. Nunca deja indiferente.

domingo, 24 de abril de 2016

Homage to Cervantes.




"Woody Guthrie, te escribí una canción". Así cantaba el primer Dylan a su ídolo del folk. Y algo parecido quería yo escribirle a nuestro querido Miguel. Una canción sobre este mundo nuestro, que, como también cantaba la leyenda del rock, "looks like it's dying, and it's hardly been born". Un mundo que necesita del espíritu del Quijote, que es el espíritu de Cervantes. Y ese es un espíritu de épica, de locura, de humor y de sensatez. Es un espíritu de aventura, de hacer cosas grandes y reírse de ellas, porque lo que importa no es lo que se hace, sino lo que se busca. Miguel, quería escribirte una canción que ensalzara tu vida. Una vida con batallas, con prisiones, con peleas y con Dulcineas del Toboso. Una vida con caminos, libros y diálogos sin fin. Una vida errante a veces pero idealista siempre. Una vida con lo puesto, y a veces también sin ello. 
La vida de las grandes personas es una vida apasionante, en el más puro sentido de la palabra, una vida que tiene dentro el afán por lo eterno, la búsqueda constante de lo infinito y que, por eso, apasiona a quien la contempla o a quien simplemente llega a vislumbrarla de lejos. Una vida que se disfruta hasta el último instante. Y la vida de Cervantes debió ser, como el Quijote, un clásico. La mayor peculiaridad de los clásicos es que nunca pasan de moda. Siglos después de ser escritos, esculpidos o filmados siguen haciendo a este curioso tipo de vida que somos los seres nacidos de vientre de mujer llorar, reír, sufrir y vibrar de la misma forma que hicieron llorar, reír, sufrir y vibrar a quienes los leyeron el día de su estreno. La vida de Cervantes fue un clásico, porque fue la vida de un apasionado, la vida de quien busca sin cansarse, la vida de quien quiere meterse el mar en la boca y de quien ve los ojos de Dios brillar en los ojos del ser amado, la vida de quien sabe que lo humano es tan gigante y extraño que no cabe en cientos de libros, por muy largos que sean. Es la vida de quien sabe que la vida del hombre sobre la tierra es una batalla, una broma, un juego, un viaje y una locura, y que para vivirla es necesario convertirse en un caballero andante que ve en todo un reto, una pasión, un amor y una misión épica. Así fue la vida de ese famoso desconocido que es don Miguel de Cervantes, del soldado, el caminante, el fugitivo, el funcionario resignado y el hombre de letras. La vida del mayor hombre de letras de la cultura española.

Feliz centenario, Miguel, nos vemos pronto entre tus páginas.


lunes, 1 de febrero de 2016

Mankell contra Salinas.



Desde hace unos cuantos años, le tengo verdadera devoción literaria a Henning Mankell. En las páginas de sus novelas se entremezcla la tensión, llevada maravillosamente a lo largo de cientos de páginas, la reflexión existencial y la crítica social. Cuando me enteré de que padecía cáncer, y de que estaba escribiendo su propia muerte -eso entendí yo al principio-, me dio a la vez una cierta pena y expectación por conocer el resultado, por saber cómo una pluma como la suya, no la de un filósofo, pero sí la de un escritor vivencial, narraba lo que sería su propia muerte. Más adelante, cuando vi el libro en una librería, vi claro que tenía que leerlo. Supe que el libro no iba sobre la muerte de Mankell,  sino más bien sobre su vida. Pero he ahí la cuestión: la actitud ante la muerte es la actitud ante la vida.

Lo más interesante de esta autobiografía no es la forma, sino el fondo, o, mejor aún, la persona que se esconde tras el fondo. Pocos expresaron tan bien la búsqueda de la identidad de la persona como Pedro Salinas, cuando escribió:

Lo que eres
me distrae de lo que dices.
Lanzas palabras veloces,
empavesadas de risas,
invitándome
a ir adonde ellas me lleven.
No te atiendo, no las sigo:
estoy mirando
los labios donde nacieron.

No hay, en una biografía, y quizá menos en esta, una búsqueda tan importante. Es necesario pasar por encima de lo meramente explicado, de lo que "aparece" del autor, quitarle -como también dice Salinas- "los trajes, las señas, los retratos" , quedarse con él, con el puro pronombre, y adentrarse en su forma de ver la vida, en su mentalidad. Cuando uno hace esto con el "Tolkien" de la novela negra, advierte, ante todo, un aspecto que se repite a lo largo de todo el libro: la individualidad solitaria de su autor. Henning Mankell habla de su vida, y únicamente de su vida, de sus traumas, de sus aventuras, de sus viajes, de sus momentos de alegría, de sus descubrimientos vitales... Podría pensarse que es lo normal en una autobiografía, pero la verdad es que este dato es precisamente lo preocupante de esta biografía, lo que la hace especialmente cargante y especialmente triste. Porque las vidas que son sólo una son muy pobres. Las vidas que sólo incluyen a una persona que las vive son inmensamente aburridas, y encuentran -como encuentra nuestro autor- frecuentes temporadas de hastío. Mankell se enfrenta ante la vida, pero se enfrenta él solo. No busca ayuda en nadie más, ni en otras personas, ni en Dios, a quien niega, por una "impresión" de que los creyentes lo son por miedo a la muerte. Curiosamente, también afirma -en el que yo considero el mejor capítulo del libro- que sin esperanza no puede haber dios, y él no pierde la esperanza. 
Entonces, Henning, ¿qué? Aparentas esperanza, pero estás más solo que la una, y ¿qué esperas cuando niegas lo único que cabe esperar? Te enorgulleces de una vida que, sinceramente, es poca cosa comparada con lo que habría podido ser, y te enfrentas a la muerte como un estoico. 
Pero nadie puede permanecer estoico hasta el final, porque ningún estoico ha vencido a la muerte. Descansa en paz. 

martes, 28 de enero de 2014

Viejos amigos.

Verano de 2008. Unos días en casa de un amigo. Un ping-pong, una minicadena con uno o dos discos, y mucho tiempo libre. Así entró la música en mi vida. Sin más. Es un recuerdo que guardo claro en mi memoria, no sé por qué. Sólo sé que ese verano, de la mano del bueno de Bob Marley, entré en el maravilloso mundo del rock. Dejé los gustos pueriles, heredados de lo que escuchaban mis familiares más cercanos, que era lo único que entraba por mis oídos hasta entonces, y comencé un viaje que me llevó, y me sigue llevando, a estilos, voces, instrumentos, figuras. Pasé en poco tiempo por los más grandes, hasta acabar en el más sublime. Robert Johnson, Neil Young, Dire Straits, los Beatles... Fueron las voces y guitarras que, entre otros de menor envergadura, me prepararon el camino de llegada al destino final, que no es otro que Bob Dylan. El bardo de Minnessota, el profeta del 'folk', el músico eléctrico, el Judas de los sesenta, el polifacético hombre de la voz cambiante y del ingenio inagotable, el poeta... Se me acaban los adjetivos. Y quién sabe si Bob querrá conducirme hacia otros descubrimientos, si deseará conducirme, como a él le guiaba el señor del tambor por las arenas del 'carpe diem' dylaniano, hacia nuevos mediterráneos. Son bienvenidos. Serán añadidos a estos, mis viejos amigos, ¿no queréis conocerlos?

martes, 10 de septiembre de 2013

The Breeze is gone.


"Llamadme la brisa, continúo soplando a lo largo de la carretera". Así dice uno de los temas más famosos de John Weldon Cale, conocido popularmente como J.J. Cale, fallecido este verano a los 74 años. Y es especialmente adecuado comenzar con esta cita, porque es como una declaración del propio Cale de que permanecerá, siempre on the road, expresión casi exclusiva del mundo de las giras musicales americanas..
Ciertamente no es uno de los músicos que más admiro, pero sí me encanta la canción que comienza igual que he comenzado esta entrada, Call me the breeze. Simplemente por esa canción ya vale la pena escribir sobre él.
Es un típico blues, muy sencillo, con unos arreglos de guitarra eléctrica que le ponen la guinda a la estructura de los tres acordes clásica. Pero tiene algo diferente del resto, una especie de pasotismo, que impregna todo el tema. Sin entenderlo, uno piensa que Cale nos está diciendo, con su voz rasgada y tranquila (no en vano el estilo del estadounidense fue llamado 'laid back', relajado) que es el amo, el rey, el dueño de la carretera. Y no se va mucho la letra. En ella nos dice que no se esconde de nadie, que nadie se esconde de él. Es un canto al ideal americano de independencia absoluta. Puede que vaya a California, puede que vaya a Georgia, pero no me importa, le falta añadir.
En fin, he aquí  un pequeño homenaje que quería hacerle a este 'bluesman', que nos dejó el pasado julio.
La brisa, que iba donde quería, sin ser domado jamás, aunque tampoco dominando necesariamente nada. Es libre, sin problemas. Es el 'blues' en persona, nada más.

Call me the Breeze

miércoles, 26 de junio de 2013

Homenaje a un profesor desconocido.


Me dispongo a hacer un homenaje a una persona sin la cual, durante el curso académico transcurrido, una asignatura concreta habría sido mucho más complicada. Sin embargo, gracias a su inestimable ayuda, todo fue posible.
Gracias por todo su trabajo, su dedicación, su buen hacer, su profesionalidad y su ejemplaridad. Cierto es que en mi vida he visto su cara en persona ni he hablado con usted, pero, ¿eso qué importa? Lo que importa es que su material, sus diapositivas, sus explicaciones escritas, estaban ahí cuando eran necesarias, y sin ellas poco habríamos podido hacer. Usted ha sido de los mejores profesores que hemos tenido este curso, sin duda alguna.
Su prestigio trasciende fronteras, desde Extremadura a Valencia, y seguro que más lejos. Ninguna asignatura de la rama de Ciencias Sociales escapa a su conocimiento: Historia del Arte, Geografía, Historia, Economía... Lo vasto de su sabiduría hace recordar a otro Isaac, Newton de apellido, al cual posiblemente acabe usted haciendo sombra.
En fin, no sé qué decir. Dicen que ante los grandes hombres las palabras no acuden al pensamiento ni a los labios. Únicamente puedo decir gracias, don Isaac, y espero algún día cruzarme con usted o saludarle, o algo parecido. Sin usted, habría sido imposible; con usted, fue posible. Gracias.
Posiblemente, para los que no han compartido la clase con el escritor de estas líneas este último curso, será imposible entender esta entrada. No importa. Ya habrán otras que entenderéis. Un saludo.

viernes, 24 de mayo de 2013

Dylan cumple 72.


En ciertos campos de la existencia humana, ha habido personas cuya actividad fue vital para el desarrollo de dicho campo. Así, y aunque yo no tengo ni pajolera idea de física, parece claro que, sin Albert Einstein, posiblemente aún no tendría nadie ni idea de que 'e' es igual a 'mc' al cuadrado (que no sé lo que significa ni 'e', ni 'm' ni 'c' ni nada, pero bueno supongo que se entiende); y el Imperio Romano posiblemente nunca habría crecido como creció sin la figura de Julio César, que, todo sea dicho, se embarcó en la guerra de las Galias para conseguir pasta.
Pues bien, en el campo de la música 'rock', muy posiblemente poco se habría conseguido sin la figura de Bob Dylan. Él, y él solo, se atrevió a contrariar a toda una audiencia para tocar lo que quiso, soportando abucheos y que le llamaran traidor ('Judas', le dijeron). Pero hizo avanzar al 'rock' a un género nuevo, que mezclaba canciones protesta, guitarras acústicas con guitarras eléctricas de furiosos 'solos' de 'blues' y 'rock and roll'. Sólo una personalidad obstinada, con una mentalidad clara es capaz de contrariar a todo el mundo, y él lo hizo. Sólo una persona inconformista podía guiar las protestas sin complejos contra la sociedad americana de los 60, y él lo hizo. Sólo una persona podía aparecer en el festival 'folk' de Woodstock con una batería, un grupo de 'rock' y varias guitarras eléctricas, y él lo hizo.
Un mito, una leyenda, un gigante del siglo XX, un guía de toda una generación, un canalizador de las revoluciones juveniles, un hombre sin estudios universitarios cuya poesía es estudiada en las universidades americanas, un controvertido, polémico, un profeta. Dylan.
Hoy cumple 72 años, ¡que sean muchos más! Le dedico estas letras, de su canción 'Bob Dylan's Dream':


With haunted hearts through the heat and cold
We never thought we could ever get old
We thought we could sit forever in fun
But our chances really was a million to one

Que, traducido, vendría a significar: con los corazones encantados a través del calor y el frío/ nunca pensamos que podríamos hacernos viejos/ creíamos que podíamos sentarnos siempre divirtiéndonos/ pero nuestras oportunidades realmente era de un millón contra una.

¡Viva Dylan!

miércoles, 15 de mayo de 2013

Genios, con o sin público.


Como no se me ocurría nada sobre lo que hacer escribir a mi pluma cibernética, he decidido reflexionar un poquillo sobre el texto que me han puesto hoy en el examen de valenciano (por cierto, con la nueva herramienta que he instalado en el blog podéis traducirlo al idioma que os dé la gana, y con una traducción bastante fiable).
Resulta que hablaba de que escritores como el que os pongo en la foto, Salvador Espriu, después de haber sido ampliamente reconocidos en vida, llega el aniversario de su muerte y los encargados de hacer presente el recuerdo de su vida y de su obra, no hacen nada por mantenerlo vivo, aún cuando puede que ellos mismos fueran los que exaltaran su figura cuando el escritor vivía. Me ha recordado, y así lo he puesto en mi examen, la vida de figuras del arte como el pintor Domenico Theotocopoulos, más conocido como El Greco, artista con gran fama durante su vida, pero con tres siglos de silencio después, hasta que en el XX alguien se encargó de desenterrarlo.
Con las grandes figuras del arte suele pasar algo parecido. Siempre gozan de gran fama después de haber sido rechazados y marginados (tal es el caso de Van Gogh), o viceversa, gozan de gran fama en vida, para ser condenados al olvido por las generaciones posteriores. No sé, es algo que suele ocurrir. Por ejemplo, se me ocurre el caso de Miguel de Cervantes, que escribió cierto libro titulado 'El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha' desde la prisión en la que pasó cinco años. Únicamente creo poder eximir de alguno de estos casos al genio de Miguel Ángel Buonarroti, aunque desconozco cuál fue la aceptación de su figura en los siglos posteriores a su muerte.
Los genios, por ser incomprendidos en vida, no dejan de ser genios. La aceptación de que gocen, en vida o en el otro barrio, realmente no suma nada a la magnificencia de su obra, ¿qué pensáis?

viernes, 15 de febrero de 2013

Gracias, Benedicto.


Gracias, Benedicto, porque, con 78 años, y a poco tiempo de retirarte, aceptaste ser el Padre Común de todos los cristianos, llevar encima todo el peso de la Iglesia, que es mucho más que salir en todas las fotos y que griten tu nombre cientos de miles de personas, que es cargar en tus espaldas las conciencias de mil millones de católicos, y guiarlos por el buen camino, responsabilidad que haría desmayarse al primer segundo a todos esos que te critican. Gracias porque pusiste tu sabiduría de teólogo al servicio de todo el mundo. Gracias, Benedicto, porque te has enfrentado siempre a los problemas de cara, sin ningún miedo a la verdad, porque has sido realmente un Cooperator Veritatis, como reza tu lema episcopal. Gracias porque has rezado por mí y por todos los hombres. Gracias, Benedicto, porque, como buen Padre, en agosto de 2011 me diste las buenas noches bajo las estrellas del cielo de Madrid, después de haber aguantado una tormenta de verano de las que por Alemania dudo que se vean muchas, y que soportamos los dos, aunque en desigualdad de condiciones: tú tenías 83 años, y yo 15. Gracias, Benedicto, porque el lunes tampoco tuviste miedo, y decidiste dejar paso humildemente a otra persona, que seguro será más joven, pero no sé si más sabia y santa que tú. Gracias, Benedicto, porque ese vigor del cuerpo tan necesario para estar en la Sede Petrina lo has perdido por mí. Y, finalmente, gracias, Joseph Ratzinger, porque vas a seguir rezando por la Iglesia, y, por lo tanto, también por mí, hasta el final de tus días, después del cual nos ayudarás más que nunca.
No pierdo la oportunidad de haceros leer este impresionante artículo: Siempre renuncias, Benedicto.

domingo, 28 de octubre de 2012

Las mejores acompañantes.

   
     El otro día, a las 8:03 de la mañana, como todos los días (diez minutos arriba diez minutos abajo) desde hace como mínimo un lustro, cogí el metro para ir al colegio. Me di cuenta esa mañana de que sonaba por megafonía la canción 'What a wonderful world', del mítico Louis Armstrong, tema que nunca había escuchado en el contexto ferroviario. Después sonó otra composición, esta viejo clásico de mis viajes en metro, y comenté con un compañero el hecho que me ocupa en estas líneas, que es que llevo lo menos cinco años escuchando, día sí, día no, las mismas dos canciones. Lo curioso es que nunca dejan de entretenerme, y se han convertido en un elemento más de viajar en metro. Una de ellas, la más frecuente, que calculo habré escuchado unas quinientas veces, es You are so beautiful to me, de Ray Charles. Ellas son las mejores acompañantes de los lunes por la mañana. Gracias por estar ahí.

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Cómo describirlo?

Hoy quiero hacerle un homenaje a un hecho, ¿cómo describirlo? Una acción, una sensación, y es que... Os cuento primero lo que me ha pasado.
Me encontraba yo delante del ordenador pensando sobre qué escribir (he decidido terminantemente no mencionar cierto asunto político de actualidad en España, me he planteado hacerlo sobre el paso del tiempo...), y me estaba molestando una banda de música de un colegio cercano a mi casa, así que he ido a cerrar la puerta del balcón; cuando he vuelto de cerrarla, he reparado en un montón de cartas apiladas en la mesa. En una de ellas la dirección estaba escrita a mano, así que me ha causado mayor impresión, y, cuando he visto que iba dirigida a mí, ya ni te cuento. He pensado que sería una carta ya leída que habría dejado ahí por error, pero, después de leerla, me he dado cuenta de que no, de que estaba escrita en julio de este mismo año. Era de una persona a la que hace mucho tiempo que no veo, así que me ha alegrado.
Y ese es el hecho, la acción, la sensación que quería describiros: recibir una carta. Y es que no me negaréis, queridos lectores, que, cuando una carta escrita a mano y con vuestra dirección en el sobre llega a vosotros, experimentáis algo, un no sé qué, y es que alguien se ha preocupado de escribiros, de pasar una hora o más llenando con letras un folio para vosotros, cuando, en la época actual, mediante el móvil, internet, o las palomas mensajeras, en unos minutos podemos comunicarnos igualmente. Así pues, no es sólo comunicarse, mediante la carta demostramos que la persona a la que escribimos nos interesa, que estamos dispuestos a pensar cosas suficientes que escribir para llenar un folio por las dos caras, como mínimo.
Una de las cosas que no se puede explicar con exactitud, que es necesario vivir. 
Con nada más que decirle al mundo.

lunes, 11 de junio de 2012

En honor a Preciado.

Sé que llego tarde, pero diversos motivos me llevan a escribir ahora y no antes esta entrada.
Como todos ustedes, queridos lectores, sabrán, hace pocos días que Manolo Preciado, entrenador de fútbol español, falleció de un ataque cardiaco.
Al principio pensé: ''qué pena, con lo majo que era''. Y la verdad es que me dio pena, porque lo que yo conocía de él por alguna rueda de prensa era una persona jocosa, con buen humor y que, al parecer (no soy ningún Aragonés de la vida) sabía de fútbol. Pero leí entonces en un blog admirado, de esos que salen abajo a la izquierda de estas líneas, llamado Cajón de sastre, (cuyo autor no conozco de nada, pero escribe muy bien), un homenaje a su vida, en la que contaba algún rasgo de este personaje desconocido para mí hasta entonces.
Resulta que hace diez años, en 2002, su esposa falleció de cáncer, y, dos años después, su hijo de 15 años también murió. Ya estos detalles chocan al ver a una persona de comportamiento tan extrovertido y, al menos de puertas para fuera, alegre. Sin embargo, soy conocedor de otro detalle que muestra sus rasgos de puertas para dentro (de sí mismo), una frase que él mismo pronunció, tras la muerte, en 2011, de su padre, atropellado por un coche, y con la que me gustaría dar homenaje a este hombre que, ahora mismo, debe de estar disfrutando más de lo que lo disfrutó aquí abajo. Esta es la frase: "La vida me ha golpeado fuerte. Podría haberme hecho vulnerable y acabar pegándome un tiro o podría mirar al cielo y crecer. Opté por la segunda opción".
Un gran hombre, al que me gustaría dar homenaje con estas líneas, que, por otro lado, es todo lo que puedo hacer.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los secretos. Enrique Urquijo.


Sí, vuelvo a hablar de música. Lo siento, pero no he podido contenerme, pues he redescubierto un grupo de música español que ya conocía. Se trata, como bien reza el título de esta entrada, de ''Los Secretos''.
¿Qué deciros de ellos? Pues, la verdad, os diría lo que he encontrado en Google, pero me parece que para eso ya podéis buscarlo vosotros mismos. Yo os diré lo que sé.
Es una banda surgida en los años 80, en medio de la movida madrileña, que tuvo mucho éxito en su época entre los jóvenes, y es, para mí, la banda española con más repercusión en la música de nuestro país. Su música es sencilla, y sus letras son, por lo general, sencillas canciones de amor roto o de gente con problemas.
La historia de Los Secretos es dura, pues en 2000 fallece Enrique Urquijo, vocalista y dirigente de la banda. Este cantautor, cuya voz tan característica toda España conoce, o debería conocer, y que murió en tristes circunstancias, era el alma de Los Secretos, y escribió, en mi opinión, sus mejores canciones. Composiciones como ''Hoy la vi'', ''Otra tarde'', o ''Déjame'', merecen un puesto de honor, un palco especial, en el conjunto de la música española del siglo XX y XXI, junto con el hombre que las escribió. La foto que os pongo es de dicho cantante.
La banda, desde entonces, es liderada por Álvaro Urquijo, hermano del difunto Enrique. No es hoy en día lo que fue con Enrique en vida, pero siguen haciendo trabajos dignos de ser escuchados, como el disco que sacaron el año pasado, cuyo nombre es ''En este mundo raro''.
Os animo a escuchar este grupo, aunque sea solo por conocer al más importante exponente en el pop-rock español contemporáneo.
Con nada más que decirle al mundo. Un saludo.

El mejor poema del siglo

Terminé hace poco "Antología de la nueva poesía española" de José Luis Cano. Es una recopilación de poemas de autores del si...