En 1916, tres pastorcillos portugueses que vivían en una zona perdida por el norte de Portugal, recibieron las apariciones sobrenaturales de un Ángel, que les exhortaba a desagraviar al corazón de Jesús, y a rezar el Sto. Rosario. Estas apariciones fueron precursoras de otras apariciones, en 1917, de la Santísima Virgen María. Se apareció los días 13 de cada mes, (excepto en cierto mes, que se apareció en 19), y otorgó a estos tres ''pastorinhos'' visiones del Infierno, del Atentado a Juan Pablo II, y de diversas cosas, también anunció que, si el mundo no rezaba, después de la I Guerra Mundial, vendría la II Guerra Mundial, y que, si el Papa no consagraba la Rusia comunista al Sagrado Corazón de María, habría una III Guerra, que habría causado grandes males. Pidió también una Capilla donde se pudiera rezar en desagravio a su Inmaculado Corazón y al de Jesús.
domingo, 24 de abril de 2011
Fátima.
En 1916, tres pastorcillos portugueses que vivían en una zona perdida por el norte de Portugal, recibieron las apariciones sobrenaturales de un Ángel, que les exhortaba a desagraviar al corazón de Jesús, y a rezar el Sto. Rosario. Estas apariciones fueron precursoras de otras apariciones, en 1917, de la Santísima Virgen María. Se apareció los días 13 de cada mes, (excepto en cierto mes, que se apareció en 19), y otorgó a estos tres ''pastorinhos'' visiones del Infierno, del Atentado a Juan Pablo II, y de diversas cosas, también anunció que, si el mundo no rezaba, después de la I Guerra Mundial, vendría la II Guerra Mundial, y que, si el Papa no consagraba la Rusia comunista al Sagrado Corazón de María, habría una III Guerra, que habría causado grandes males. Pidió también una Capilla donde se pudiera rezar en desagravio a su Inmaculado Corazón y al de Jesús.
domingo, 10 de abril de 2011
Vida bohemia

No sé exactamente lo que significa este término, pero lo asocio con una experiencia vivida hoy.
martes, 5 de abril de 2011
Miguel Aranguren y ''Encontrarás dragones'' .
Encontré dragones. Miguel Aranguren. Semanario Alba 1/4/2011 En mi vida hay dragones, zonas de mi mapa vital a las que me cuesta viajar porque me obliga a encontrarme con lo peor de mí mismo: aspectos interiores y exteriores enlazados por la soberbia y por un inmenso amor propio. Con gusto inauguraría mi escultura monumental en todas las plazas mayores del mundo si la caricatura no fuera un exceso, por lo que le debo a San Josemaría un viaje semanal a por esos dragones, a los que con la gracia de Dios procuro cazar para exponerlos frente al tribunal divino, la confesión, aunque siempre alguno se me escape para esconderse aún más lejos, allí donde ni siquiera existen los mapas. |
El viaje del Opus Dei al interior de la conciencia, la invitación a la responsabilidad personal, el impulso con el que nos enfrenta a la batalla de nuestra propia santidad, queda a trazos reflejado en la película de Joffé, aunque mucho mejor lo muestra la biografía del propio fundador y aquellos a los que públicamente reconocemos la heroicidad de sus virtudes, por más que la Iglesia no haya dictado aún veredicto sobre su santidad (me refiero a don Álvaro del Portillo, a Isidoro Zorzano, a Montserrat Grases, al matrimonio Alvira, a tantísimos ejemplos de hombres y mujeres de hoy -¡miles!- que han convertido la vida en una aventura ejemplar de amor a Dios y a los demás). El resto, mal que bien, lo intentamos, convencidos de que lo nuestro es una vocación divina, una invitación del cielo a pesar de nuestros pesares, que son muchos, lo que nos hace reconocer que no somos merecedores de este regalo misterioso y bellísimo que nos anima a luchar contra los monstruos alados que vomita el pecado y a querer -sobre todo eso, ¡a querer!- al prójimo sin poner condiciones. A propósito de dragones, me viene a la memoria aquel embajador ante la Santa Sede, Puente Ojea, cuya misión parecía más bien una revancha por parte de aquel PSOE de mitad de los ochenta, dada la pública inquina del Excelentísimo don Gonzalo hacia la Iglesia y sus representantes. Cuando falleció el obispo Del Portillo, primer sucesor de San Josemaría, Puente Ojea tuvo la deferencia de reconocer públicamente que en aquel tiempo de enormes tensiones en la Embajada de la Piazza di Spagna, fue el Prelado de la Obra uno de los pocos que siempre le recibió y trató con respeto y objetivas muestras de cariño, que es un grado más en la virtud del afecto. San Josemaría dio caza a todas las bestias de su naturaleza. De hecho, anhelaba que su cuerpo reposara hasta el final de los tiempos bajo el epitafio: “Josemaría. Pecador”, a pesar de que fue herramienta inmejorable para que se abrieran de par en par los caminos divinos de la tierra. |
domingo, 3 de abril de 2011
Visita al asilo Santa. Mónica.
El sábado pasado, es decir, el 26 de marzo, unos amigos y yo fuimos al convento de Santa Mónica. No sabría decir muy bien si era un convento o un asilo porque el hecho es que está habitado por monjas, pero también por los ancianos. Supongo que es una síntesis.
El mejor poema del siglo
Terminé hace poco "Antología de la nueva poesía española" de José Luis Cano. Es una recopilación de poemas de autores del si...

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Lo siento por quien fuese a esperar una entrada normal, seria, de algún asunto con algo de trascendencia, de importancia, o de actualid...
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Bueno, desde aquí me gustaría despedir al 2010. Hemos vivido grandes momentos, y sí, es otro año que se va para no...
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Desde que, en septiembre, comenzó todo este 'tinglado', había decidido no opinar al respecto, pero creo que este es un momento a...